Hoy ya no es noticia que el  presidente de Brasil Lula da Silva asistió al 10º Foro Internacional de Software Libre. Tampoco es noticia la energía con la que Brasil se sube al carro del software abierto. Lo que me ha llamado la atención es la nota de prensa que emite el Centro Nacional de Tecnologías de la Información venezolano y la cita que le atribuye:

«Estamos descubriendo que ninguno es mejor que nosotros. Solamente necesitamos oportunidades»

La primera frase me parece ¿gloriosa? no, dejémosla en expresiva. Sobre la segunda ya no la tengo tan clara. Las oportunidades, máxime en el caso de una administración pública en el siglo digital, las crea uno mismo como ya decía Gou Zhongwen, viceministro chino de Industria de la Información:

«But the market cannot be developed on a large scale without government support.»

Las razones de por qué la administración pública debe adoptar modelos abiertos de adquisición del software también son ya del dominio público (permitidme el autobombo al decir que pocos las han recogido tan concisamente). Lo que todavía no parece del todo claro es que estas mismas administraciones y los dichos modelos no son solamente de adopción y «productización». Lo son a todo lo largo de la cadena de valor del software, directamente a través de sus propios técnicos o a través de sus proveedores. En la jerga diríamos «contribuir al upstream» o directamente: «ser upstream».

Nadie es mejor que nosotros. O nosotros somos tan buenos como cualquiera. El siglo digital nos ofrece las ventajas de hacer nuestras las TIC a todo lo ancho y largo de la mencionada cadena a unos costes irrisorios comparados con otros sectores; el primero que me viene a la mente es el aeroespacial, donde Europa es particularmente competitiva, casos de Arianespace o Airbus, a pesar de los carísimos costes y los riesgos enormes: recordemos cómo explotaron los dos primeros lanzamientos de los exitosos cohetes Ariane V.

Mi ejemplo favorito siempre es gvSIG, de la Consejería de Infraestructuras y Transporte de la GVA. Y afortundamente no es el único:  desde ayer las voces sintéticas en español desarrolladas a instancia de la Junta de Andalucía, Hispavoces, ya se distribuyen también en Fedora 11 (pal y sfl).

El contraejemplo, el antipatrón, lo tenemos también en casa, nuestro propio presidente, que ante la probablemente feliz ocurrencia de digitalizar la educación en España fracasa horrorosamente con la implementación anacrónica, costosa, y ni innovadora ni productiva (atento: palabras de moda).