Sergio Montoro me ha interesado al hablar de la innovación, que es un asuntillo que me tiene preocupado desde hace tiempo. Tiene apuntes magistrales al decir que «El foco de innovación en una empresa son las personas que no están sujetas a ninguna carga de actividad gerencial» o al recomendar que para las organizaciones puedan innovar deben «reducir el coste global del fracaso medio».

Yo trato de descomponer el problema en:

El «problema» de la gestión
Existe una fricción organizacional colosal en las actividades productivas. Como mínimo se debe a la ineficiencia de las prácticas de la misma por falta de recursos, por desconocimiento (si es que nadie nace enseñao) y, por supuesto, la falta de ínteroperabilidad entre las organizaciones.
Los procesos de innovación
Creo que fue a mi amigo Francisco a quien le escuché decir algo así como que las multinacionales han sido las responsables de llevar las novedades en I+D de la academia al grueso de la sociedad. Si no recuerdo mal, a eso es a lo que llama «innovación» el Manual de Frascati de la OCDE -pido perdón por no tener tiempo de contrastarlo en este artículo improvisado-. Así pues se puede distinguir perfectamente una frontera entre I+D y la famosita «+i» que se ve tanto últimamente en los periódicos de negocios. Además podemos entender que Microsoft se considere a sí misma una empresa innovadora.

De sólo estos dos puntos podemos extraer implicaciones y diagnósticos como para escribir un libro: quién puede innovar hoy día, cómo llevar la innovación a las organizaciones pequeñas y medianas, cuál es la cadena de valor del software, qué es lo que hacen Microsoft, Google e IBM para ganarse el pan, dónde están desde el punto de vista macro las ineficiencias de la industria (sic) del software, cómo encaja todo el rollo del software libre en todo esto, etc. Hoy no me queda tiempo para explicarlo así que, como decía mi profesor de álgebra: «la demostración es trivial y la hacéis en casa».