Limpiando papelicos me encuentro unas notas que tomé al ver en televisión un debate titulado La fiebre republicana. Desde que creé mi propia conciencia política tengo clara simpatía y preferencia por la forma de gobierno republicana. Con el tiempo y la experiencia he desarrollado una decadente sabiduría, o sea, que ya soy oficialmente un viejo acabado con un pie en la tumba, y procuro saber apreciar y practicar el principio ingenieril de «si funciona, no lo toques».

Lo más interesante de este debate fue escuchar a un tal Antonio García Trevijano cosas como la denuncia de la inconstitucionalidad del sistema parlamentarista español, generalizado a su vez en casi toda Europa, y encarnado en el problema principal de la «disciplina de voto» de los partidos políticos, con las carencias de democratización en la sociedad que implica. La alternativa que plantea es un sistema representativo, con verdadera separación política, cuyo modelo está encarnado en los EEUU.

Si lo entendí bien el señor García Trevijano forma parte del Movimiento Ciudadano por la República Constitucional.

Lo que más me llama la atención es lo agudo y argumentado de su discurso y cómo identifica los, a su juicio, verdaderos problemas y los prioriza sin dejarse llevar por ideologías o actos de fe. En este caso deja claro que el problema no es realmente la monarquía en sí sino el sistema político.

La Revolución Digital exige una reingeniería completa de la sociedad. La politica y la participación ciudadana necesita de un trabajo que sigue pendiente. Reconocer las mejores prácticas, que en este caso podrían ser las de EEUU, saber discutirlas -me viene a la mente un artículo de Gore Vidal que me conmovió hace años titulado «el último imperio» que publicó El País Semanal (nº 1107, 14 de diciembre de 1997) que discutía a su vez de la constitucionalidad del propio sistema norteamericano desde los tiempos de Truman- e implantarlas a, toda clase, de costes accesibles.

PD: García Trevijano es entrevistado en Época donde deja cristalinos sus puntos de vista. Una cita: «se puede suprimir de un plumazo y por completo el Parlamento, sin que para nada cambie el sistema. Se puede eliminar, y se mete en una salita -ésta más pequeña- a un solo diputado por partido que tiene tantos votos como cuota ha obtenido su formación».